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viernes, 5 de noviembre de 2010

Álvarez y Zapico

Vamos a ver, vamos a ver que yo entienda el concepto, que el concepto es el concepto como diría el amigo Pazos. Resulta que España es un país económicamente dependiente de otros debido a que nuestra principal industria es la del turismo y las derivadas de este como la construcción, que no hay un tejido económico-industrial serio ni ninguna expectativa de que lo haya, que tenemos las mayores tasas de paro de la historia, que vamos a tener que congelar esto o quitar estas ayudas, que reducimos el sueldo de aquellos y Perico va a tener que retrasar sus planes para jubilación dos años más porque la gente de un tiempo para acá le da por morirse muy tarde. Y después de todo esto llegan nuestros señores políticos y se dedican a legislar sobre el orden de los apellidos de los hijos. Luego dirán que se están partiendo el espinazo por sacar a España de la crisis: Y una mierda.

Pero vayamos al meollo de la cuestión. Antes de 1999 en España un recién nacido llevaba por defecto, primero el apellido del padre y luego el de la madre. Desde 1999, los progenitores pueden poner los apellidos a sus hijos en el orden que acuerden y en caso de disputa, la cual según tengo entendido no llega al 5% de los casos, se pone por defecto el del padre. Hasta ahí todo correcto. Ahora resulta que en caso de disputa no hay defecto que valga, se aplica perfecto alfabeto castellano, de tal forma, que el orden de los apellidos vendrá determinado por el orden alfabético de los mismos y ya está. En ambos casos, el hijo una vez cumplida la mayoría de edad podría cambiárselos a su antojo.

Primero que nada, me gustaría aclarar que yo soy contrario a que el apellido paterno prevalezca sobre el materno. Pero no creo en las formas ni en la finalidad ni efectividad de esta medida.

Por un lado no creo en las formas de esa medida porque no me parece lo más apropiado el orden alfabético, porque ahí realmente no existe una posibilidad más para la mujer de poner su apellido a su vástago. Si el hombre se apellida Álvarez por ejemplo y ella Zapico, por muchas pataletas que tenga, él va a imponer su apellido y yo me pregunto: ¿Dónde está la mayor igualdad ahí? Vale, vamos a suponer en una especia de ley universal que tiende a equiparar todo, pero ¿no sé supone que las leyes terrenales están para impartir justicia cuando las leyes universales no se presentan? Yo sería más partidario de un sorteo, con una moneda o una bola, donde en todo momento existe en igualdad de oportunidades una posibilidad real de que ambos progenitores puedan poner su apellido. Otra opción sería dejar de legislar tanto, que en breve vamos a legislar hasta el turno de entrar en el baño por las mañanas y se diga claramente: Miren señores, son mayorcitos, o se ponen de acuerdo o el niño no queda registrado. Que eso genera tensiones en el matrimonio, es su problema, en ningún caso se debe legislar la intimidad de las parejas.

Por otro lado, sobre la finalidad y efectividad. Personalmente, no veo un avance sustancial hacia la igualdad en esta medida, un avance sería sancionar actos, gestos o palabras sexistas o machistas, o que las mujeres pudiesen ocupar puestos más relevantes, o que se mejore sus condiciones en los puestos que actualmente ocupan. Pero esto no va resolver nada. Por otro lado, no va a evitar ningún caso de malos tratos ni violencia como por ahí se dice. Quien pega a su mujer porque le sale de ahí, va a seguir haciéndolo por lo del apellido. Y en caso de existir ya previamente una orden de alejamiento o sanción por agresiones u otras cosas como abandono o desentendimiento tendría que valer de sobra para poner única y exclusivamente los apellidos de la madre, sin andarnos con rodeos.

Ahora bien, para no dejar el cartel a medias, siempre salta algún gilipollas diciendo que esto es un espanto, que está en contra o incluso que va en contra de la unidad familiar. En fin, como decía un amigo: En España no entra un tonto más.

Lo que no se le puede negar al gobierno es que todos, hablemos de este tema, lo cual es un tema muy delicado, pues se supone que tienen que ser los ciudadanos los que marquemos las agendas de los políticos y no al revés. Al fin y al caso en eso consiste la democracia. Y de paso, no hablamos de otros problemas como el paro, la crisis, la corrupción política, etc.

Ahora bien, les voy a contar lo que va a pasar en la vida real, que en muchas ocasiones nada tiene que ver con aquello de lo que hablan los políticos: Resulta que Menganita Álvarez da a luz en el hospital “El Sanito” y al día siguiente, para evitar complicaciones legales en caso de fallecimiento del recién nacido, Fulanito Zapico, el padre, va al Registro Civil para inscribir a la criatura, pero claro, va solo, porque la madre estará ingresada y que pasará entonces, pues que pondrá los apellidos en el orden que le salga del capullo. Y ahí se quedan todo. Luego la mujer podrá coger el rechine que quiera, pero hasta que el meón no sea grandecito se va a quedar con ellos. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Este tipo de medidas están bien hasta donde las están, pero tenemos temas más prioritarios que tratar.

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