The ship of Odysseus - Le navire d'Ulysse - La nave di Ulisse - Das Schiff von Odysseus - O navio de Odisseu - Het schip van Odysseus - Fartyget Odysseus - הספינה של אודיסאוס - Skibet af Odysseus - Το καράβι του Οδυσσέα - 奥德修斯的船 - オデュッセウス - Корабль Одиссея - سفينة أوديسيوس

lunes, 1 de noviembre de 2010

Otoño

Cuando el hombre del tiempo del telediario de turno anunció la llegada del otoño, era muy pronto para anunciarlo, era muy pronto para sentirlo. No hacía viento, no llovía, las hojas de los árboles todavía con su vivo color verde ondeaban en sus respectivas copas desafiando al tiempo y el frío apenas se sentía.

Había que esperar a finales de octubre, para empezar a sentirlo. Cuando de la noche a la mañana, los castaños de india soltaban sus frutos uno tras otros, lentamente, como las gotas de una estalactitas. Cuando sus hojas de tonos amarillos, rojos y marrones cedían y se deslizaban entre las suaves brisas del norte. Cuando cada rayo ausente amenazaba con lluvia. Cuando el frío se fue instalando entre nuestros armarios para sacar de ellos lo que creímos olvidado.

Mientras caminas por las parques, de repente cuesta distinguir el suelo y los barrenderos trabajan más de la cuenta, las miradas de los transeúntes se vuelven más ariscas y desconfiadas y sin venir a cuento te sientes irracionalmente como Quique González caminando por Nashville. Probablemente porque puede cada estación tiene para cada uno su música y sus cantantes, aunque lo ignores.


Sales del parque y enfilas la calle con la música a todo volumen. Te metes en una cafetería para tomar un café caliente. Dentro el humo se dispersa con el traqueteo de los camareros, disimulándolo a los ojos, pero no al olfato, tan difícil de engañar. Y mientras miras por la ventana, ves la lluvia caer a través de las luces de los coches. Un fotograma estanco de luciérnagas. Justo debajo se puede ver la suspensión del agua en diminutos charcos que entre su natural alimento, los peatones, perros y coches no conocen el reposo.


Un sorbo más al café y solo quedan los posos. Te levantas y sales del bar. Justo en la salida te detienes, te subes el cuello de la chaqueta mirando a todo y a nada a la vez. Y en una decisión fatal te pones a caminar bajo la lluvia para saborear la llegada del otoño.

1 comentario:

Anónimo dijo...

PRECIOSO