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martes, 9 de noviembre de 2010

Un mal día

Hay veces en que tienes un día, un día en el que todo te sale mal. Hoy es un día de esos para mí. No hay otra manera de decirlo.

Todo empezó el domingo por la noche, viendo como el Atlético de Madrid perdió ante el Real Madrid, con el correspondiente pitorreo de conocidos, amigos y algún que otro familiar. Maldices a todos y a cada uno de los jugadores de la plantilla, al entrenador, al árbitro y al Real Madrid y su afición. Y lo peor es que al día siguiente vas a ver imágenes en todos los telediarios y periódicos.

Luego, en la madrugada del domingo al lunes. El bebé del vecino se puso enfermo y se tiró media noche llorando. Ahí no pude echarle la culpa a nadie, que un bebe se ponga malo son cosas que pasan y si está enfermo, está enfermo, ley de vida y los padres ante la impotencia de no poder hacer nada, son los primeros que se sienten mal, como para ir a picar la puerta y decirles algo, lo más normal del mundo es que te manden a la mierda si lo haces. Ahora bien, hay que ser sincero: Jode.

Esto ya me fastidió los planes de dedicar el lunes por la mañana a hacer algo provechoso. Estuve toda la mañana como un zombi mirando al infinito, sin hacer nada. A última hora decidí ir al supermercado a hacer la compra sabedor de que me iba a ver solo ante un puñado de marujas agonizantes que van a provocar que en vez de tardar 15 minutos en hacer la compra, tenga que tardar 45 si no más.

Mientras volvía del supermercado, con la compra en mi mochila, pensé: da igual, llego a casa y me echo la siesta y como nuevo. Pero no, no pudo ser. No siempre dejan a uno echar la siesta. Por lo que me puse a hacer las labores del hogar, que desgraciadamente no se hacen solas. Ya le gustaría a uno ser es Mickey en la película de Fantasía y dar vida a la escoba y los estropajos para que limpiasen todo. Pero no.

Después de un mediodía agonizando me tomé un café solo, todo lo que pude meter en la taza y salí de casa dispuesto a ir a la biblioteca a estudiar. Salgo a la calle. Para mi desánimo, el cambio climático sigue siendo un mito. Hace un frío del carajo. Me puse los cascos y me intenté animar con un poco de música. La música siempre me levanta el ánimo, incluso en uno de esos días.

Cuando ya estoy a escasos 50 metros, siento algo detrás mío, una bici que se acerca, meto un brinco lateral digno de un record olímpico, pero en el momeno y en el lugar equivocados. La ciclista, resultó ser conocida, pero entre la torta, la música y el amago de infarto, no la llegué a reconocer bien, aun así ella se descojona de mi. Intento de homicidio en primer grado con recochineo, lo que me faltaba. Amigos parar esto.

Entro en la biblioteca todavía con el corazón en la boca, saco el portátil y los apuntes. Me pongo a estudiar y a mitad de la primera página, me doy cuenta que no me he enterado de nada. ¡Fiesta! Vuelvo a empezar. Llego otra vez a la mitad de la primera página y sigo sin enterarme de nada. ¡Fiestón! Me pongo la cazadora y voy a tomarme un café. Otro.

Bajo las escaleras y al llegar a la cafetería, la misma mala cara del camarero de siempre. ¿Quién puso a este tío a trabajar aquí? Se te ocurre que de cuando empezó los currículum no llevaban fotos, el dueño sufría un trastorno de la visión transitorio o algún síndreme no diagnosticado. El caso es que va siendo hora de explorar otra cafetería. Pido un café solo y una botella de agua. Cojo dos periódicos, El País y el Diario de León. Presiento que voy a tirarme un rato largo.

El País es antiguo… tan antiguo como que es de hace una semana. En él aparece la cara de un señor con barba que aspira a gobernar el país al que le hacen una entrevista. Comenta algo así como que si él gobierna, se la va a sudar muy mucho lo que diga el constitucional y se va a cargar la ley del matrimonio entre homosexuales y la del aborto. Cierro el periódico y ni me molesto en abrir el otro. Mis presentimientos fueron equivocados. Me acabo el café y me voy.

Al llegar a la biblioteca, me percato que se han puesto en la mesa del lado cuatro chichas que hablan para ellas y para todos sus amigos. Las muy hijas de puta, en vez de estar en una biblioteca, parece que están pastando vacas. Evoco entonces la entrevista y pienso: y qué cojones más dará como se llame a la unión entre homosexuales, que lo llamen ellos como les salga del níspero o del capullo. Ese no es el problema de este puto país, este país lo que necesita es educación, civismo, respeto y responsabilidad. Tal vez los políticos no trabajen en post de esto, porque ni ellos mismo lo tienen.

Decido que no voy a hacer nada por hoy. Recojo mis cosas, me pongo la cazadora y me vuelvo a casa, me pondré una película y me iré a la cama. Creo que será lo mejor del día.

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