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miércoles, 12 de enero de 2011

No me calientes los Cascos

Partiremos de la base que el señor Francisco Álvarez-Cascos no es santo de mi devoción. Siempre lo he considerado un tipejo hipócrita, frívolo, cínico y sinvergüenza. Pero a la vez, no es menos cierto que a su vez, me parece que la postura que ha tomado respecto a su suspensión de militancia del PP, es del todo acertada.

Anteriormente ya ha habido salidas en el PP, aunque ninguna había hecho tanto ruido como esta, seguramente porque todos tenían muchas deudas y más le valía estar calladitos. Probablemente, la más sonada fuese la del exministro Manuel Pimentel. Pero como decía, con ninguna se había corrido tanta tinta como con esta salida, ya que estamos hablando de uno de los colaboradores más cercanos del expresidente José María Aznar en sus días, aquel del que se comentaba que si decía todo lo que sabía, hasta al mismo Aznar se le iban a caer los calzoncillos, supongo que por eso se le permitieron tantas cosas en su día, entre ellas, estar de caza mientras las costas gallegas se llenaban de chapapote tras la decisión errónea de alejar el barquito en contra de la opinión de científicos y marineros gallegos, que al fin y al cabo son los que más conocen de corrientes que desembocan en sus costas.

Pero se va, se va, se va… se fue. Tal vez no debería haber ambicionado tanto, ya retirado, habiendo servido como ministro, tocaba abrirse a un lado y dejar paso. Su hora había pasado aunque él no lo reconociese. Se negó. Seguramente pensó que ante tanto pucherazo en las supuestas elecciones internas de su partido para elegir candidatos, porqué él no iba a ser uno más. Pues le dijeron que nones, y claro, le sentó como una patada en los homólogos pendulares. Bien es cierto que uno de los argumentos esgrimidos para la negativa, su avanzada edad, es cuanto menos calificable como “malo”, por no decir, una solemne gilipollez. Da igual la edad si se está lúcido y se siente uno con fuerzas. Este argumento debería resultar ofensivo para todos los sexagenarios del mundo que todavía se sienten bien para desempeñar tareas. Sea como fuere, argumentos a parte, se quedó fuera y él decidió irse, a lo cual, otros lo acompañaron.

Este tipo de salidas también se pudieron ver en otras bancadas en sus días, pues en su día ya lo hizo Rosa Díez, saliendo del PSOE para fundar UPyD, Cristina Almeida salió de IU para unirse al PSOE y algunos populares de hoy en día salieron del mismísimo Partido Comunista. Pero si hay algo en común en la mayoría de estos casos, son las críticas que despiertan, cosa que a su vez me mosquea enormemente. Este tipo de decisiones siempre son muy criticadas, y calificadas como pataletas. Y aunque pudiera ser, deberían ser lo contrario, deberían ser un reflejo de la diversidad de opiniones que coexisten, la esencia misma de la democracia parlamentaria. Esto, tan normal en otros países aquí se ve como un elemento pueril y no debería ser así.

A su vez, el cambio de partido, o lo que es lo mismo, de forma de pensar es algo normal. Todas las personas cambiamos, probablemente nuestros ideales básicos no, pero si es posible que en algunos momentos de nuestras vidas, influidos por lo que sea, pensemos de una manera y en otro momentos de otra, o sencillamente, creemos que un país necesita un gobierno de un color o de otro diferenciado del presente en ese momento. Tan sensato es cambiar a quien votar en unas elecciones o no, como cambiar de militancia o no. Este tipo de cambios de partido ya lo hizo en su día un ciudadano tan respetable y reconocido como Winston Churchill, que se presentó a las elecciones británicas tanto por el partido liberal como por el conservador.

Pero volviendo a Álvarez-Cascos, no se sabe todavía que va a ser de su futuro, si va a fundar un partido político y presentarse bajo otras siglas en el Principado de Asturias, irse a otro partido o quedarse en su casita tan ricamente. Se rumorea que anda sondeando a personalidades sociales para una nueva aventura, aunque él desmiente todo. Mi opinión: Ojalá lo haga. Sería una opción más dentro del panorama político, cosa que lo enriquece, aunque se topará con una ley electoral injusta y una maquinaria política bien engrasada por parte de los grandes.

A raíz de todo esto, el Presidente del Gobierno Zapatero dijo en una entrevista en Onda Cero, algo así como que ninguna persona está por encima de los partidos. Cosa cierta, pero más cierto hubiese sido si a continuación hubiese añadido, que tampoco ningún partido está por encima de las personas, sus derechos y libertades, así como por encima de las leyes. Ahí si se hubiese lucido, pero supongo que por miedo a que sucediese algo parecido en su partido decidió ser prudente, porque ya lo dice el refranero español: Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.

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