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sábado, 5 de febrero de 2011

Prohibido fumar

Ya llevamos un mes con la ley que prohíbe fumar en sitios cerrados y qué quieren que les diga, yo, como no fumador, estoy la mar de contento. Me encanta entrar en los sitios sin tener que soportar los humos que no genero y lo que es más, me encanta llegar a casa sin tener los ojos rojos y la ropa apestando a tabaco. No es que sea muy amigo de las prohibiciones, pero esta ley, bajo mi punto de vista era necesaria.

Resumiéndola a grandes rasgos, esta ley indica que a partir de ahora está prohibido fumar en todos los lugares cerrados como bares o lugares de trabajo y en las afueras de edificios públicos como colegios y hospitales. Esto ha producido las desavenencias de fumadores que alegan su derecho a fumar donde les venga en gana, de los hosteleros que dicen que tienen derecho a hacer en su negocio lo que les de la real gana, y de algún que otro demagogo y oportunista que, aprovecha la coyuntura para hacer sangre. Pero vayamos por partes.

En primer lugar, no puedo compartir la opinión de los fumadores que dicen sentirse agredidos en su derecho a fumar. Recuerdo que nadie ha prohibido el tabaco y que tampoco se ha prohibido fumar. Simplemente se ha restringido el número de lugares donde se puede fumar. De tal manera que aquellos lugares que presenten un servicio público se vean libres de humos nocivos para la salud de todos, tanto para los que fuman como para los que no fuman. Y es verdad que cada uno decide si desea morir fumando o como le dé la real gana, pero lo que no se puede negar es que, una cosa es que una persona fume y otra que se le obligue a fumar. Y yo elegí no fumar, por lo que no se me debería obligar convirtiéndome en fumador pasivo.

Algunos fumares esgrimen una serie de argumentos simplones y pueriles como los que expongo a continuación, y que de paso, aprovecho para contestarles:

  • Si no quieres fumar no entres en los bares”, a lo cual yo le podría responder con la misma moneda diciéndoles “si quieres fumar no entres en los bares”. Dando buena cuenta de la simpleza de algunas argumentaciones.
  • Yo no molesto a nadie fumando”, no, por supuesto que no molestas a nadie, por cierto mañana volveré con una fabada entre pecho y espalda, y verás como tampoco molesto a nadie.
  • Mi padre no me pudo prohibir fumar, no lo hará el gobierno” Te recuerdo chato que nadie ha prohibido fumar.
  • Y después el que más me gusta: “los humos de los coches contaminan mucho más”. Cosa cierta, pero el humo de los coches lo generamos entre todos, no entre algunos. Pero de todos modos ¿Qué quieren? que como eso contaminan más, si eso los prohibimos también y todos andando o en bicicleta, o hacemos todo lo contrario, que ya que estamos condenados a tragar humo, para que cortarnos, todo el que haga falta, venga, hasta reventar.

Por otro lado están los hosteleros. Dicen que esta ley les va a producir una serie de pérdidas que les va a obligar a cerrar sus negocios o a despedir a personal y que les quita la libertad de hacer lo que quieran en su negocio. Esto me hace mucha gracia, porque se ve que hay leyes que tienen estos efectos, pero otras no, tales como los impuestos que pagan por las terrazas, los calefactores en las mismas, los carteles o toldos, o las leyes que prohíben orientar televisiones hacia la calle, no e incluso es impuesto revolucionario de la SGAE. Estas parece ser que ni producen pérdidas ni son restrictivas de las libertades.

En lo que si tengo que darles en parte la razón a los hosteleros es al defender su derecho a hacer en su negocio lo que les dé la gana sin que nadie se entrometa, como en el caso de rotular en el idioma que quieran, ellos sabrán a quien quieren atraer y a quien no. Pero se la doy en parte, porque una cosa es rotular, que solo puede producir perjuicios a las mentes estrechas y otra muy distinta es permitir dentro de su establecimiento la práctica de un hábito que es perjudicial para la salud de todos, son cosas muy diferentes.

Y ya por último, están los demagogos, cantamañanas, charlatanes y demás tontos de haba que rondan nuestro país. Que de estos ya se sabe, se apuntan a un bombardeo con tal de ir contra alguien. Se han posicionado del lado de algunos grupos, mezclando por una lado los intereses argumentados por los hosteleros con los derechos de los fumadores, a la vez que han hecho incendios de los pocos conflictos surgidos a raíz de esta ley, y han obviado que en Estados Unidos y en la mayoría de Europa se prohíbe fumar en sitios cerrados sin que esto haya supuesto revuelo de ningún tipo, y quisiera citar especialmente a Italia, un país con una cultura muy parecida a la española, donde ya desde hace años que no se puede fumar en lugares cerrados y no se ha caído el mundo. En fin, que quieres que les diga, España en su más pura esencia.

Aunque lo más triste de estos individuos, tan seguidores de la norma para otras cosas, no es que se quejen, es que, apoyados por personas que se autocalifican de inteligentes, secundan insurgencias hacia la ley, protestan e incluso recogen firmas. Triste, muy triste, porque estas mismas personas, no mueven ni un dedo para quejarse contra la tasa de paro en España que supera los cuatro millones, ni contra el poco trabajo restante, que es en su mayoría temporal y precario debido a las prebendas de políticos con unos empresarios insaciables; no los veo moverse cuando se recortan los derechos laborales; no los veo para promulgar leyes que echen a corruptos de la carrera pública o pedir mayor transparencia; para pedir más maestros, médicos, policías o guardias civiles; no los veo cuando se inyecta dinero público, nuestro dinero, para salvar un sistema financiero que se hundió él solito y que bien es sabido que nunca devolverá, tampoco los veo reclamar la defensa de nuestros montes ni nuestro litoral, ni ahí, ni en muchos otros sitios ¿El por qué? Muy sencillo, porque en España, como diría mi primo, no entra un tonto más

Espero que, si en las próximas elecciones nacionales, la ciudadanía cree conveniente o no cambiar el color del gobierno, no se modifique ni un ápice esta ley. Porque al fin y al cabo, el problema no es la ley, el problema es que aquí equivocamos las libertades y los derechos con el hacer todo lo que queramos, cuando y donde se nos antoje, sin considerar nada ni a nadie y mucho menos sin defender un modelo de sociedad donde el respeto sea el primer valor. Que las libertades propias acaban donde empiezan las ajenas, haciendo de esto, algo extensible a todos los ámbitos de la sociedad, no solo el del fumar.

Llenamos de mierda las calles de nuestras ciudades y pueblos justificando que así damos trabajo a los barrenderos, hacemos botellones aunque la gente no pueda dormir, deterioramos mobiliario y servicios públicos como expresión de la desgracia de haber nacido y no tener ninguna necesidad básica, agredimos a funcionarios públicos por serlo y hacer su trabajo a la vez que ansiamos su puesto, insultamos a todos aquellos que nos reprochan, o limitan nuestro vandalismo a la vez que criticamos las leyes que censuran nuestros actos… En definitiva, en este país no conocemos medida a la hora de hacer las cosas, nos tomamos las cosas por donde nos da la gana, nos dan la mano y cogemos el brazo y así no se construyen ciudades ni sociedades, ni comunidades, ni países ni nada.



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