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lunes, 7 de marzo de 2011

Candidatos a la alcaldía de León

Lo bueno y lo malo, según como se mire, que tienen las ciudades chiquitas como León es que, tarde o temprano te encuentras a todo el mundo por la calle. Sin ir más lejos, en menos de una semana y media me he topado de frente con dos de los candidatos a la alcandía de León. El domingo 27 de febrero me encontré al actual alcalde, Francisco Fernández paseando a un bulldog por el Polígono X; y hoy, 7 de marzo, me topé en medio de la Plaza de las Cortes con el candidato por el Partido Popular Emilio Gutiérrez, caminando con una carpeta blanca con el escudo gris de la Junta de Castilla y León.
 
Después de este segundo encuentro tuve la certeza más absoluta de que la política en España es pésima, y el porqué de esta afirmación es bien sencilla. Verán, yo ahora les podría comentar que, el actual alcalde ha llevado a cabo una gestión lamentable con más sobras que luces. De sombras, por ponerles algún ejemplo, les podría decir lo chapucero de su proyecto de carriles bicis para León, como si la estructura urbana y la cultura de León lo permitiese, fardando de kilómetros de carril bici, cuando en realidad los han puesto en su mayoría de unos pocos metros, en distintos tramos muy separados entre sí, haciéndolos inútiles y en lugares que de nada sirven por su nefasta ubicación ya sea porque se ven invadidos por peatones, por coches aparcados o porque su utilización suponen riegos para ciclistas u otros usuarios, que hacen ver que el que los planificó no ha circulado por León en bici en su puta vida. También les podría hablar de la chapuza que ha hecho con la reestructuración en Fernández Ladreda o el empecinamiento con el tranvía como un intento de arreglar el pésimo transporte público que posee esta ciudad, o incluso a inexistencia de un modelo urbano serio, coherente y permanente.

Por la misma razón les podría comentar que la oposición no ha aportado nada y que después de denunciar durante cuatro años la patética situación económica en la que se encuentra el Ayuntamiento, pregona a bombo y platillo de mano de un paracaidista a la alcaldía que va a rebajar los impuestos, haciendo constancia de la nula aportación de ideas serias. Porque cuando venzan, dirán que no es posible la bajada de impuestos debido a la mala gestión del anterior alcalde, casualmente de otro partido. No hablan nada de la llegada de empresas a León, de cómo aumentar el número de turistas, que alternativas plantean al tranvía como transporte públicos, cómo evitar la pérdida constante de jóvenes o como mejorar los servicios sociales.

También podría hablar de las luces de ambos, que las hay, al César lo que es del César. Pero no es lo que me interesa ahora. Yo quería hablar de otra cosa. Quería hablar de un detalle que me llamó fuertemente la atención y que por mucho que dicen que separan a ambos candidatos y partidos, hay una cosa que comparten y no es otra cosa que la mirada. Si, la mirada. Esa mirada que cuando te la cruzas en medio de la calle, cuando tú, como ciudadano te cruzas con ella de manera inquisitiva, serena y silenciosa, y cuando ellos, lejos de la palmadita en la espala de los suyos y las cámaras, desarrollando una actividad cotidiana, te miran, saben lo que los estás mirando y tú no disimulas, entonces ves que su mirada carece de todo aquello que esperabas debería tener un alcalde. Es una mirada fría, miedosa, lejana, carente de valor, honor ni dignidad. Repugna. Y tú, te das cuenta, o por lo menos, yo me di cuenta. Entonces te percatas de lo patético y miserable de esos personajes y sientes pavor al ver en manos de quien estamos, te preguntas cómo es posible que esas personas rijan tu futuro y el futuro de la ciudad que habitas y lo más triste, cómo ha llegado ninguna persona, lejos de los amiguismos, a pensar que uno u otro son una opción válida para regir esta milenaria urbe.

Cuando se alejan, agachas la cabeza y meditas unos segundos, no se sabe quien ganará o no, si lo harán por mayoría o necesitarán de pactos, pero asientes con la cabeza lentamente y vuelves a caminar mientras llegas a la conclusión de que este año les va a votar su puta madre.

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