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miércoles, 16 de marzo de 2011

México lindo

No tengo por costumbre darle a la parla de Cervantes cuando el tema a tratar se muestra ajeno a mis conocimientos y vivencias. Pero hoy me voy a atrever con ello, y no podría tener mejor excusa para hacerlo, que para hablarles de México, aunque procuraré ser breve, para minimizar en las posibles meteduras de pata que a buen seguro cometeré.

Nunca he sido un turista al uso, en el sentido que soy de los que buscan el paquete vacacional de turno con hotel, comida y visitas, etc. O sea, el pack completo. Todo lo contrario, más bien, siempre me ha gustado patearme los sitios a mi aire, escuchar a la gente hablar, meterme en los garitos, ver escaparates, entrar en librerías, sentarme, tomar un café, volver a caminar, etc. Aunque claro, el dinero de un servidor es escaso y uno no dispone siempre del tiempo que le gustaría dedicar a ello. Aun así, si hay algo que me gusta de los sitios y hago siempre que me meneo fuera de mi hogar, es observar a la gente, verlos actuar en su entorno y en la medida de lo que las diferencias culturales y lingüísticas me lo permiten, interactuar con ellos. Considero que es la mejor manera de conocer esos sitios y aprender sobre la vida. Pero claro, uno siempre está más o menos predispuesto a hacer esto en un sitio u otro. Y si existe un lugar por el que yo siempre tuve predisposición para hacer esto, ese fue sin duda México.

La pasión por este país me viene desde crio, no sé muy bien porqué, pero siempre quise dejarme caer por allí una temporada. Siempre que salía una noticia, un libro, una película, o una banda de música, allí estaba yo, dispuesto a leerlo, verlo o oírlo. Aunque este deseo por visitar este país aumentó de un tiempo a esta parte, libros como La Reina del Sur, películas como Amores Perros o grupos como Julieta Venegas, Los tigres de Norte o Molotov, empezaron a ocupar un sitio en mi casa. Poco a poco se convirtió en un sueño para mi la posibilidad de alquilar un coche en un extremo del país y llegar hasta el otro extremo. Del mar Caribe al Atlántico, del sur al norte, pasando por carreteras llenas de polvo y pueblos chiquitos donde platicar con las gentes de allí entre cervezas y tequilas, esa gente de pueblo con su sombrero vaquero, que siempre me la imaginé seca, parca y con la mirada endurecida por la vida, pero cálida y acogedora. Y finalmente, este deseo se vio reforzado por un amigo mexicano que me eché por acá hará ya unos años, que siempre nos animó a ir allí.

Pero todo, de un tiempo a esta parte se está viendo truncado. Y no hay otro motivo que la violencia del narco que día tras día sacude México y llega a este lado del Atlántico por los medios de comunicación. Al principio pensé que no era para tanto, los medios de comunicación siempre han sido un tanto alarmistas con tal de vender. Pero esta idea se me calló cuando volví a ver por estas tierras, después de una temporada en su país a mi amigo mexicano. Las cosas que me contaba me han dejado la cara retratada y con una pena profunda por ese país y sus gentes a las que siempre quise conocer. Me cuenta historias de gente armada por las calles de ciudades antes tranquilas, secuestros, emigración, locales cerrados, cambios de coches por otros más chiquitos para no aparentar, pero sobre todo, desapariciones y muertes. Me cuenta lo mismo que cuentan los medios de comunicaciones, pero con el agravante de que te lo está contando un amigo, que intuyes que lo ha pasado mal y lo pasa mal por los suyos. En ese momento, mientras me cuenta estas cosas, me recorren por la cabeza un millón de preguntas que me gustaría hacerle, pero dudas, no sabes si a él le apetece seguir hablando del tema, porque a lo mejor no le apetece, demasiado dolor por lo que uno tanto ama, entonces callas y no se oye otra cosa que el silencio solo interrumpido por el bullicio de alrededor. Luego te imaginas, que ese mismo silencio, se puede escuchar en muchas lugares de México, tal vez, demasiados.

Mi amigo ya no me recomienda dejarme caer por allí. El silencio mexicano seguramente sea demasiado peligroso para un turista de mirada curiosa. Y de verdad que deseo con todas mis fuerzas que eso cambie, y ojalá que sea pronto cuando pueda acercarme a ese gran país y pueda beber una cerveza con esas mismas personas de mirada endurecida y sus sombreros vaqueros en una cantina.

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