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martes, 3 de mayo de 2011

Osama Bin Laden ha muerto

Osama Bin Laden ha muerto. Ha caído el símbolo más conocido del entramado terrorista de Al Qaeda. Y hoy, dicen políticos y estadistas, que se ha hecho justicia y que el mundo es un poco más seguro. Pero que quieren que yo les diga, no puedo cuando menos que discrepar de esas afirmaciones.

No siento pena ninguna por la muerte de este asesino a la vez que nunca me alegraré por la muerte de nadie, no lo considero ético, ni humano, ni sano psicológicamente. Aunque a buen seguro tendría una opinión bien distinta si un ser cercano a mí hubiese muerto a manos de un terrorista de esta organización, pero por suerte, no es el caso. Puedo llegar a comprender el sentimiento de alivio que sienten los familiares y amigos de víctimas del terrorismo islámico desde que conocieron la caída de este individuo. Es un sentimiento humano, al fin y al cabo, y que a buen seguro yo también tendría si estuviera en la misma disyuntiva. Pero como les decía, por suerte, no es el caso.

Aunque este alivio, alegría, júbilo o como quieran llamarlo, no es lo que me inquieta, ni mucho menos, los sentimientos son un territorio demasiado personal, sobre todo para los que han sufrido tanto dolor. Me preocupa más el entusiasmo que muchos dirigentes políticos manifiestan en público tras la operación militar que dio muerte a Bin Laden. Y más cuando lo que deberían es haber deseado ver a este ser encadenado, arrastrando los pies de manera lastimosa y con la mirada perdida como todos los presos que en un momento de su vida jugaron a ser dios y ahora se hayan con su vida en manos de otro. Esa es la verdadera justicia, la de verse obligado a acatar las normas que siempre despreciaron y no el tiro en la sien.

Es cierto que el terrorismo islámico ha sembrado el terror por todo el planeta, que ha hecho del mundo un lugar un poco más pequeño y nos ha hecho sentir un poco menos seguros. Pero tampoco es menos cierto que los políticos han explotado este miedo reflejado en una merma sustancial de las libertades individuales, a la vez que han sabido obtener réditos políticos cuando las circunstancias así lo permitían. Por eso, me molesta esta alegría en gestos más acostumbrados a especular con los hechos que ha ofrecer soluciones a problemas reales.

Por otra parte, tampoco nos llevemos a engaño, la caída de Bin Laden, en ningún momento supone el final de Al Qaeda, esta panda de asesinos despiadados sigue existiendo. Este entramado terrorista representa una hidra, donde la pérdida de una cabeza no da la lugar sino al surgimiento de otra. Y de esto en España sabemos bastante por culpa del terrorismo etarra. Que es un golpe duro, sin duda alguna, Bin Laden era un símbolo, y la caída de todo símbolo afecta al conjunto, pero no supone ni muchos menos la desaparición del conjunto.

Otra cosa serán las funciones, a parte de las simbólicas, que desempeñara dentro de la organización, cosa todavía por saber. No me creo que viviese de su cara bonita. Tampoco me creo que el hecho de que no tuviese teléfono ni Internet en casa le impidiese comunicarse con el resto de la organización. Nada sería más fácil para los servicios de seguridad que rastrear líneas de comunicación en Pakistán, tampoco creo que haya tantas. Además, hace nada se detuvo a un Capo de la mafia italiana que se comunicaba con papeles, quien puede negar que este fuese otro caso, o simplemente con la palabra cara a cara, para no dejar rastro alguno.

Así y todo, los políticos dicen que hoy el mundo es un poco más seguro, y puede que fuese lo mejor pegarle un tiro, Bin Laden hubiese sido un preso incómodo, sabía muchas cosas y probablemente su captura hubiese supuesto que los actos terroristas se hubiesen multiplicado en post de su liberación. Y tal vez, en uno de esos actos, a lo mejor, un familiar o conocido mío hubiese caído, y puede que entonces maldijera a los cielos porque en su día no le hubiesen volado la tapa de los sesos a ese hijo de puta. No lo sé, esos son futuribles dudosos que, no conviene analizar si uno quiere dormir tranquilo. Sea como fuese, hoy ni me siento más aliviado, ni me siento más seguro. El tiempo dirá.

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