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lunes, 11 de julio de 2011

En clave personal

Son las 8:00 de la mañana y estoy sentado en uno de los dos vagones que forman este tren con destino Madrid. Origen, Soria. El tren es TRD, uno de esos que se deslizan por las vías con gasoil, un tren lento, pero de los que me gustan, ya que te permiten ver el paisaje. Un paisaje que, tras la ventana de mi derecha, se extiende. Un paisaje típico castellano que, con sus tonalidades de verdes, marrones y amarillos, inspiraron en su día al poeta Antonio Machacho y donde tiene su origen alguna novela de Pablo Coelo. Y aunque el sol tímidamente se atreve a teñirlo para desplegar toda su belleza, ya se puede vislumbrar la misma.

Y estando en mi asiento, embobado viendo el paisaje. Me pongo a pensar un poco en clave personal, y decido escribirlo. Así que saco el portátil y ante las extrañezas de algún paisano compañero de trayecto, me pongo a teclear lentamente, mientras la pantalla baila al ritmo del traqueteo del tren.

Este ha sido un año extraño para mí. Un año que se inició precisamente por estas fechas, donde un mensaje en el móvil me despertó de la siesta. Recuerdo de quien era, el contenido y lo que implicaría en breve. También recuerdo mi reacción, ciertamente tímida y perezosa, características de los recién despertados. A partir de ahí, todo cambiaría. Y así, hemos llegado hasta este tren con su sombra proyectada sobre campos dorados.

Desde aquel día, me quedaron dos meses de estancia en Madrid, un sitio donde tras dos años de vida, me había acostumbrado y donde tenía un buen puñado de amigos con los que hacer incursiones en campos diversos de la vida. Amigos que por suerte, aún conservo. Pero la decisión estaba tomada, no quería trabajar donde lo estaba haciendo en esas condiciones, sitio, que a la par, era mi lugar de residencia con las implicaciones que eso suponía y otras añadidas, y por supuesto lo de buscar alojamiento por ahí, inviable, mi presupuesto me lo impedía.

Tras esos dos meses, volví a León. Palabras de cosas mejores me esperaban, pero para mi sorpresa, no fue así. A esto se añadió mi decisión de preparar las oposiciones de magisterio, oposiciones que en Castilla y León para el año 2011, finalizaron ayer día 5 de julio para mí, ya veremos cuando salga la nota, si para bien o para mal. Pero vayamos por partes, empezando por este último aspecto.

Las oposiciones deberían ser un proceso lo más normalizado posible, donde uno, asume el factor trabajo, y acepta el factor suerte. Así y todo, el proceso se inicia con un afrontamiento de las mismas con la mejor de las intenciones pero según va acercándose el día, a todo opositor le entra el complejo de colchonero caminando hacia el Calderón por la ribera del Manzanares: Espera lo mejor, teme lo peor, y solo tiene la certeza que va a pasar momentos de nervios y tensión.

Las oposiciones para alguien que se las toma medianamente en serio, son un proceso cruel que agotan física y psicológicamente a cualquier persona y que tras ese esfuerzo, esa ilusión y ese derroche económico, también hay que decirlo, nadie garantiza nada a nadie, a eso hay que sumarle por un lado la situación laboral de España, nada halagüeña si no se obtienen resultados positivos, y por otro lado la posición personal de cada uno que lo llevará a ser más o menos sensible a esta realidad.

A esto hay que sumarle, la realidad educativa, donde los resultantes del sistema universitario antiguo, nos encontramos desubicado con la llegada de Bolonia. Nadie nos aclara nada y para los que mostramos intención de adaptar nuestras titulaciones antiguas a las actuales, no encontramos en un vacío enorme, donde desde las instituciones públicas nada se sabe o nada se dice, dejándonos en manos de las universidades privadas, con el derroche económico que ello supone si te lo puedes permitir. Y por supuesto, también la realidad política y nuestros queridos políticos, siempre tan empeñados y esmerados en hacernos la vida un poquito más complicada si cabe. Así, algunos han propuesto un MIR para maestros, haciendo que me pregunte porqué para ser político no hay un MIR, u otras profesiones, luego hay otros que hablan de excelencia educativa, cuando ellos no son nada excelentes en su labor, y luego tenemos a los que a saber qué pensarán porque como nunca dicen nada claro… en fin que a uno se le pasa por la cabeza que, si en caso de no obtener plaza, que pasará, se supone todo este trabajo no servirá para nada… un desatino Made in Spain.

A parte de las oposiciones, están otras razones de índole más personal. Antes de volver a León, como les decía, me encontré con palabras de algunos que prometían ratos amenos y divertidos, que me echaban de menos y cosas así. Pero con el tiempo, el resultado es que a día de hoy veo a algunas personas de León, menos que cuando estaba en Madrid. La gente cambia, sus opiniones, sentimientos, circunstancias y demás y eso lo tengo muy asumido, pero si esto se lleva a cabo con cierta ambigüedad y en una clara contradicción entre palabras y hechos, uno llega un momento que se cansa y empieza a pensar que qué estará haciendo mal, para llegar al final de mandar a todo el mundo a la mierda.

Hoy, sigo siendo el mismo que era cuando era chico, y mi memoria para los detalles, gestos y demás sigue intacta, tengo bien claro que hay cosas que por más que se empeñe uno, cuestan olvidar, o por lo menos actitudes de con quien has compartido tantas cosas son inviables poner un “está olvidado”. Yo mido con milimétrica precisión los detalles, separando las cosas y las circunstancias personales y ajenas, y tengo muy claro quien se ha preocupado por mi, ya sea acertadamente o erróneamente. Pero lo tengo en cuenta para bien en ambos casos. Y de la misma manera, también valoro quienes han mostrado cierto pasotismo o desgana con mi persona y mis circunstancias.

Nunca le desee mal a ninguna persona amiga o conocida, más bien todo lo contrario, siempre le desee lo mejor, más allá que esa felicidad pasase por dejarnos de lado. Prefiero la pérdida personal, que la infelicidad de alguien con quien compartí un par tragos entre silencios o entre risas. Un abrazo y que te vaya bonito, sin rencores, todo lo contrario. Por eso, desde esa perspectiva de la vida, egoísta para algunos, pero generosa para mí, nunca dejé, no he cejado en tender una mano amiga y sin peajes para quien estuviese dispuesto a cogerla, pero su uso únicamente de manera fútil, resultado doloroso, casi ofensivo.

Y es que para quien se crió con conceptos como lealtad, honor, honra y amistad como los más altos principios que una persona puede llegar a alcanzar, que los perciba desmerecidos de manera banal, arbitraria o abusiva para según qué cosas y circunstancias, da por pensar que tal vez, no merecido tanto la pena, poner tanto empeño en compartirlos a según qué personas que no supieron valorarlos adecuadamente. Por esta razón, tras un año extraño a la par que difícil, “las consecuencias son inevitables” como canta Bunbury en su último disco de estudio.

Es curioso, porque cuando regresé de Madrid, lo hice siendo consciente que había aprendido mucho. Sin Madrid nunca hubiese sido el mismo. Ahora sé que me quedan por aprender muchas otras cosas, y soy consciente que me quedará mucho todavía por aprender de la vida. Y es que la vida, siempre te pone en situaciones novedosas, donde las soluciones de siempre, de poco o nada sirven y tienes que buscar otras nuevas con el riesgo de acertar o fracasar en el momento de tomarlas. Por esta razón, siempre descreeré de los que se saben en posesión de las verdades absolutas ya sea por su edad, supuesta madurez o su elevado grado de prepotencia y egolatría.

Así que, solo me queda tomar las decisiones, probablemente erróneas, pero mías al fin y al cabo, y cuando alguien desee sinceramente ser partícipe de mis errores, está invitado, este club de los errores, nunca fue muy selecto.

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