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lunes, 8 de agosto de 2011

Poyales del Hoyo

Poyales del Hoyo es un pequeño pueblo de Ávila, de los que como tantos otros pueblos castellanos, la mayoría de personas de este país nunca había oído hablar en su vida y seguiría siendo así si no fuera por la polémica levantada la semana pasada ante la decisión de su alcalde de exhumar los cuerpos de 10 represaliados del franquismo hacia una fosa común.

Nos les voy a resumir la historia de los hechos, más que nada por no extenderme demasiado y cuando a día de hoy todavía no hay acuerdo entre las versiones y hay una denuncia de por medio, así que cada uno saque sus propias conclusiones y opiniones sobre lo sucedido. Si bien, si quiera hablarle de algunos acontecimientos vividos a raíz de esto y de la ley de memoria histórica y las reacciones de algunos sectores de la sociedad.

Yo, aunque me he movido por media España, soy natural de León y actualmente resido en León. Vivir en esta tierra, es vivir a caballo entre distintas realidades que están conectadas entre sí, pero que representan historias diferentes. Para que se hagan una idea, a groso modo, podemos dividir la provincia de León en tres grandes zonas, el León del llano, el de las montañas y el del Bierzo. Cada una de estas zonas ha vivido historias muy particulares en general y algunas concretas dentro de estas, pero durante la guerra civil española, sin duda han sido muy diferentes, pues mientras el llano, tierra de campos, el páramo, la maragatería y la capital estuvieron desde el principio del lado del bando sublevado, tanto el Bierzo como las montañas del norte y la cabrera se mantuvieron afines al movimiento republicano en su mayoría. Obviamente esta situación duró poco y salvo algunos núcleos de resistencia basados en tácticas de guerrillas, la provincia, ya en 1937 estaba dominada enteramente por las tropas franquistas.

Ahora es cuando les podría contar las benevolencias de un bando o las brutalidades de otro, pero no, en esa guerra fratricida, pocas personas dejaron de cometer alguna barbarie, militaran en el bando que militaran. Aquella fue la guerra del rencor, el resentimiento y el odio por encima de todo que llevó a una masa inculta y analfabeta, manejada por unos pocos, a matarse mutuamente, sin sentimiento alguno, aunque delante tuviese a un familiar, un amigo o un vecino.

También les podría contar las historias de aquellos que vivieron años encerrados en un sótano paramés, o de aquellos que subieron a un furgón en los Barrios de Luna, o aquellos fusilados por error y porque si, en el Bierzo, teniendo que ser enterrados por las propias manos de su mujer en medio del campo. Historias que me han contado amigos y conocidos. Historias que son unas gotas, en medio de un océano de horror y barbarie.

Pero no, no es mi intención hablar de esto ahora.

Lo que me lleva a escribir este texto no es otra cosa que lo sucedido tras la exhumación de los cadáveres de ese pequeño pueblo de Ávila. Cuando veo a personas decir cosas como “rojos de mierda, parásitos sociales” o “no eres ni española” un escalofrío de pánico e indignación me recorre el cuerpo. Parece mentira que en pleno Siglo XXI todavía queden personas capaces de decir estupideces de este calibre, lo que me hace pensar que estamos más lejos de la reconciliación de lo que pensábamos, o tal vez, como dice una amiga, hace falta que fallezcan dos generaciones de españoles para que se pase página de una puñetera vez.

Obviamente, soy consciente que estas palabras solo las puede pronunciar un auténtico estúpido o imbécil, pero eso no les quita gravedad, es más, es justo eso lo que más miedo me da, pues son estas las personas que sostienen las dictaduras y toleran las atrocidades de la historia. Los mismos imbéciles que tanto gustan a algunos para crecer en sus aspiraciones personales y que en pleno Siglo XXI tienen sus propios medios de prensa para reafirmar sus radicalismos y encuentran palabras que les endulcen los oídos en algunos miembros de determinados partidos.

Como les decía, no voy a opinar sobre los hechos en cuestión por falta de datos. Pero si, sobre lo que me parece obvio. Siempre he considerado que cualquier persona tiene todo el derecho del mundo a saber dónde están los restos de sus antepasados, tienen el derecho a elegir un sitio adecuado para enterrarlos en función de sus creencias y deseos, un cementerio con una placa donde ponga su nombre y apellidos, y donde fulanito y menganita puedan ir a rezar, hablar o llorar a su antepasado cuándo le venga en gana.

Yo sé dónde está enterrado mi abuelo y sé que si algún día lo necesito, puedo ir hasta su tumba a lo que mi corazón y mi mente me pidan, e incluso a veces a mi mente viene silenciosamente la imagen de su nicho cuando me encuentro perdido. Y si bien, yo siempre fui más simpatizante del bando republicano y mi abuelo luchó en el bando de los sublevados, nunca he albergado ni una gota de desprecio o resentimiento, todo lo contrario, amor pleno. Y aunque nos tocó coincidir muy poco tiempo en este mundo, pues se me fue siendo yo un crio, me hubiese gustado haber podido hablar con él de esto, aunque a lo mejor nunca me hubiera dicho nada, porque cochinas ganas que tendría de recordar aquello, pero siempre he teniendo la plena certeza que él hizo lo que creyó conveniente en ese momento, no sé si por convincción o por necesidad, me da igual, estoy seguro que el haber todamo otra decisión, le hubiese supuesto la muerte.

Por eso considero tan importante que otras personas, que por miedo a la represión nunca pudieron enterrar a sus familiares en un lugar adecuado, los encuentren y sepan en todo momento dónde están para poder ir a rezarles. Se merecen aquello que los demás sí pudimos disfrutar, un lugar común al que acudir cuando nos encontremos perdidos. Por eso mismo, apoyo plenamente a todas aquellas iniciativas que se dediquen a la tarea de búsqueda, localización e identificación de los represaliados por el franquismo. Se merecen un sitio adecuado donde descansar digno de ellos, personas, y de sus creencias. Y cualquiera que por acto o por palabra se oponga a esto es un ser carente de humanidad.

No se trata de venganza ni de olvido, se trata de dignificar a todas las personas por igual, otorgar la dignidad que en su día les faltó a aquellos que murieron por los motivos que fueran. Y a raíz de esto me estoy acordando de un pasaje de la Ilíada, cuando Aquiles, tras haber dado muerte a Héctor por haber este último, matado a su primo Patroclo, al final, Aquiles se apiada del cadáver de Héctor y lo entrega a su padre, el rey Príamo, para que tenga los funerales dignos de un príncipe de Troya. Y si nosotros, maravillados de la evolución humana, no somos capaces de encontrar la compasión que encontró Aquiles, no nos quedará sino ser bestias salvajes.

La guerra civil, acabó hace ya demasiados años como para seguir odiando a nadie por su ideología, yo no odio a los que las circunstancias de la vida les llevó a una trinchera, pero si pido dignidad a los que les llevó a la trinchera de enfrente, a la perdedora, porque si no, nunca llegará la paz, viviremos en la eterna victoria.

Pd.: En homenaje a mi abuelo que le tocó vivir una época convulsa e hizo lo que creyó más conveniente. Estés donde esté, nadie de tu familia te olvida.

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