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jueves, 20 de octubre de 2011

Juguettos

Les pondré en antecedentes antes que nada. Diplomado en Magisterio con formación complementaria en el campo de la docencia y el ocio y tiempo libre de 30 años busca trabajo.

Después de acudir a unas cuantas charlas con el técnico que le ha sido asignado para la búsqueda de empleo en el sindicato UGT, el cual le aconseja promocionarse en empresas para encontrar trabajo, decide que, a pasar de acudir diariamente al portal de empleo Infojobs y ver las ofertas en los medios de prensa, la autopromoción puede ser una opción tan válida como las otras dos anteriores para encontrar un currelo, así que medita en qué tipo de establecimientos se podría encontrar.

Una de las conclusiones a las que llega es que un maestro encajaría bien una juguetería, al fin y al cabo lo que allí se vende va destinado a los niños y él sabe de niños, y a buen seguro podrá saciar su inmadurez rodeado de cosas lúdicas y entretenidas. Mira más o menos cuantas jugueterías hay en león gracias a las páginas amarillas. Prepara el currículum como le ha dicho el técnico y como él mismo cree que debería ir, y se dirige a una copistería donde saca varias fotocopias, para dirigirse al día siguiente por la mañana a repartirlos por estos establecimientos.

Esa mañana se ha afeitado, y mientras va caminando de la primera juguetería sabe que es difícil, piensa en la crisis, que hay muchos candidatos y que, él como buen observador es consciente que, en las jugueterías de León solo suelen contratar mujeres. Pero le da igual, el no ya lo tiene y además, él es maestro, sabe de niños, ya tiene el culo pelado de trabajar de cara al público, y su madre le enseñó que a las personas no se les juzga por su sexo ni color, ni origen, sino por su valía como personas y en el trabajo, así que se la sopla todo y currículum en mano entra decidido en la tienda de Juguettos que hay en la calle República Argentina de León. En el mostrador hay una dependienta atendiendo a una mujer. Decide esperar en silencio, los clientes son los primeros, así que como no tiene prisa, se queda a una distancia prudencial  tieso como un guardia en una garita.

La dependienta no ha acabo de despachar a la clienta cuando le echa una mirada y le pregunta “¿Qué querías?”. Lo primero que piensa es: “me ha tuteado sin conocerme y no me ha dicho ni buenos días ni nada, podría ser un cliente”, para luego decirse a si mismo “qué más da, yo he venido aquí a lo que he venido”, así que dibuja su mejor sonrisa y dice: “Buenos días, venía a entregar un currículum” y mientras se acerca despacio hacia la dependienta, extiende la mano con tres hojas grapadas en ella. Para entonces, la clienta ya lo está mirando fijamente, y él, aunque no la mira, lo sabe. Entonces en ese acercamiento para dejar el currículum la dependienta lo interrumpe “aquí solo cogemos chicas”, entonces él se para, la mira desconcertado, mira a la clienta para volver rápidamente a la dependienta, se cuadra como en una parada militar y se le empieza a dibujar una sonrisa en los labios hasta que muestra el colmillo izquierdo a través de su ya notable sonrisa y sin ni un aspaviento dice un adiós burlesco y sale de la tienda sin mirar atrás.

Una vez en la calle intenta dar crédito a lo que ha oído, pero no puede, lo escuchado va en contra de todos sus valores, los valores de alguien que se ha criado con tres mujeres, tres mujeres que no permitieron que ninguna persona las dejara de lado por su sexo y que nunca hicieron a nadie de menos por su sexo, origen, raza, religión, orientación sexual ni nada. No da crédito. Piensa qué hubiese pasado si a una mujer le hubiesen dicho lo que le han dicho a él “aquí solo cogemos chicos”, se hubiese montado el belén, pero como ha sido al revés, a un hombre, no pasa nada, así que él se queda con la rabia que para entonces ya le recorre todo el cuerpo. Discriminar a una mujer por su sexo es algo denigrante para esta y por supuesto, un acto denunciable al igual que todas las discriminaciones sean por el motivo que sean.

Poco a poco se va calmando, y ya piensa más fríamente, para entonces se pregunta si lo sucedido forma parte de política de contratación de la empresa en general, del establecimiento en concreto o la respuesta de una dependiente. Le da igual. Aunque obviamente quien se lo ha dicho es la dependienta, así que aunque la política de contratación de la empresa o del establecimiento sea la de sólo contratar mujeres, considera que ninguna dependienta debería tener tan pocas luces de decir eso al público, a parte de la tan poca sensibilidad de no coger el currículum, aunque luego, según se fuese el fulano por la puerta lo hubiera tirado a la basura. Y piensa que ese debe ser el perfil que la susodicha empresa de venta de jueguetes busca, poca capacidad intelectual y falta de sensibilidad, cosas que él nunca se ha considerado.

Para cuando se ha calmado del todo ya está en frente de otra juguetería, esta vez en la Calle Conde Guillén, atraviesa la puerta y le entrega el currículum a la dependiente que se lo recoge con un gracias y un adiós. Él sale por la puerta sabiendo que no lo van a coger, la cara de la dependienta ha sido como un libro abierto, pero por lo menos ha tenido la deferencia de recogerle el currículum. En ese mismo momento sabe que a Jugettos va a ir a comprar a partir de ahora su puta madre.

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