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domingo, 18 de diciembre de 2011

Reflexiones al aire 3


Durante mucho tiempo pensé que, a raíz del inicio de la X legislatura, escribiría una opinión personal sobre estos años de gobierno socialista, con sus luces y sus sombras, pero llegado el momento no me apetece. Por una parte, todo, o casi todo lo que yo pueda decir sobre el asunto está ya más que dicho, y por otro lado, no me apetece, me apetece escribir sobre otras cosas y como no tengo otro compromiso más que conmigo mismo a la hora de escribir en este blog, va a ser lo que haga. Por eso hoy quisiera escribir sobre los miedos de las personas. No los miedos en el sentido fóbico del asunto, sino de los miedos personales que cada uno posee y que desarrolla a lo largo de la vida en su trascurso, relacionado con los aspectos más personales e íntimos de la personalidad humana.

Hace unos pocos días, una amiga colgó un comentario de Pablo Coelho en su tablón del Facebook que me dio pie para opinar en su momento y que hoy representa el inicio de este escrito. El comentario en cuestión hacía mención a las decisiones que uno toma o deja de tomar en la vida. Es más que evidente que todos, estamos tomando decisiones constantemente sobre nuestras vidas y nuestro presente y futuro. Aunque en ocasiones, esas decisiones supongan no hacer nada, no cambiar nada, plantarse en el inmovilismo personal. Y es que en contra de la opinión popular, el no querer hacer nada no es que suponga no tomar una decisión, todo lo contrario, supone decidir seguir en el camino que veníamos andando hasta ahora. Lo cual, no es más acertado ni más erróneo que el seguir otro sendero, solo supone seguir andando por donde se venía haciendo hasta la fecha.

Obviamente, caminar un camino, implica no tomar otros, no somos omnipresentes como para andar dos caminos a la vez y claro está, no todos los caminos son iguales, ni implican las mismas consecuencias. Tomar un camino implica, por doloroso que sea, renunciar a otros. El problema viene cuando renunciamos a tomar los caminos que queremos o que nos generan interés o curiosidad, por el mero hecho del miedo a lo desconocido que supondría el tomarlos, abandonando la vereda ya dominada. Ninguno estamos por encima de la condición humana y el miedo forma parte de ella como tantas otras sensaciones y tantos otros sentimientos. Pero el miedo, en ocasiones puede suponer un ancla hacia un porvenir que no por incierto, es menos anhelado. Y es que en esta vida y sobre las decisiones que tomamos nadie garantiza nada, no hay pócimas mágicas ni bálsamos de fierabrás, toda acción tiene una reacción, física elemental, no podemos esperar que nuestros actos sean ajenos a las leyes que gobiernan todo el universo, y por lo tanto, obtener unas consecuencias, en este caso inciertas.

Pero como decía antes, no todos los caminos son iguales, más pedregosos, con más curvas, más estrechos, con paisajes diferentes, etc. En una proyección infantil sobre nuestras vidas, nos imaginamos unas características para estos caminos, que luego vamos posponiendo, pensando bien necios que está tras la siguiente curva de un camino ya trillado, pero nunca llegamos a vislumbrar ese camino tan deseado desde chicos. Haciendo de la vida esa frase de John Lennon ”La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. De tal manera que solo los más afortunados o lúcidos, son capaces de alcanzar a recorrer las sendas soñadas desde la infancia, los demás, seguimos aferrados a nuestras dudas, nuestros miedos y nuestras excusas como a un clavo ardiendo.

Me gustaría decir que en mi vida siempre tomé los caminos más acertados, más bonitos, más deseados, pero no fue siempre así, no siempre es así. Soy capaz de tomar decisiones que quiero aun a pesar de los riesgos, con otras que me dejan indiferente, a la vez que tomo decisiones que ni yo entiendo. Y me veo, al igual que tantas otras personas, perdido en medio de un bosque oscuro, sin linterna, ni brújula, ni mapa con una equis que indique el tesoro. Por eso, a veces, me siento desconcertado, desesperado e incluso depresivo, alojando penas en un teclado, con ganas de huir de todo cargado solo con mis debilidades, mis temores y mis sueños, sin módulo, ni dirección, ni sentido, dejando atrás, ese eterno “Y si…” que me hace flaquear y bloquea, que me hace transitar por caminos que no sé si realmente quiero transitar, porque al fin y al cabo, todo se reduce a eso, a tener la certeza de si transitamos los caminos, agradables o no pero que queremos realmente recorrer sin miedo a las consecuencias, porque eso es lo que siempre hemos soñado porque sabemos hacia donde nos conducirán y disfrutamos de esa espera hasta la meta.

Sea como fuera, espero en un futuro más cercano que lejano, ser capaz de tomar aquellos caminos que me permitan llevar a la práctica lo único que aprendí hasta ahora de la existencia, que no es otra que, toda dicha personal pasa por vivir y sentirse vivo, ser feliz y sentirse feliz, ser libre y sentirse libre y todo esto a su vez, dárselo y hacérselo sentir a las demás personas que nos acompañan en este desatino de incertidumbres constantes, y a las cuales, les queda como esperanza, al igual que a nosotros el saber que, hay caminos con infinidad de cruces y que, hay caminos que se cruzan en más de una ocasión.

Oscar Wilde: “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo”

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