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lunes, 14 de mayo de 2012

Antisistema


http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/04/dominio-domingo.jpgÚltimamente, escuchando y leyendo a algunos tertulianos, columnistas y políticos conservadores de este país me ha asaltado una duda: ¿seré yo un antisistema? La verdad es que nunca me he considerado como tal, más bien todo lo contrario, un defensor del sistema democrático español. Aun así considero oportuno consultar el término antisistema, por si tengo dicho adjetivo alojado en mi mente con prejuicios, estereotipos o ideas erróneas. Y yo, como fiel seguidor del academicismo, decido en un primer momento consultar el diccionario de la RAE, este define antisistema como alguien o algo “contrario al sistema social o político establecidos”.
 
Mierda… no me ha aclaro mucho la verdad, contrario al sistema social y político establecidos, ¿qué demonios son esos sistemas? Porque dicho así, una persona antisistema puede ser de muchas formas, ideologías, creencias, etc. Decido acudir a otras fuentes menos academicistas para ver si soy capaz de concretar un poco más este término, pero me aclaro menos, el popurrí de datos, ideas y conceptos que rondan por ahí es tal que resulta imposible resaltar una idea que englobe el término en su conjunto. Aunque por otro lado, por esta vía encuentro algunos elementos en común con mis ideas previas. Llegado a este punto opto por pasar de la amalgama de conceptos que rondan el subconsciente social y otras fuentes con poco o ningún apoyo académico (nótese que mi apego academicista según algunos me convierte en un más que dudoso antisistema).

Partiendo de la definición de la RAE aplicada a la realidad social y política de España, la cual se entiende como un sistema democrático, supondría que ser un antisistema implicaría ser un anti demócrata, entendiendo la palabra contrario que emplea la RAE, como opuesto al sistema establecido. Y, ¿estoy yo en contra de la democracia? No. Todo lo contrario, hasta la fecha, la democracia es el sistema menos malo y goza de mi apoyo y defensa a ultranza, aun a sabiendas que hay determinadas cosas de la actual democracia que no me gustan, y por lo tanto, considero oportuno deberían cambiar. Aunque a la vez hay que reconocer que, dicha democracia con sus virtudes y defectos posee ciertos mecanismos que permiten modificarla en el caso que se considere necesario con el fin de desarrollarla y mejorarla.

Pero antes de seguir recordemos lo que significa democracia. La palabra democracia viene del griego y significa según la RAE “Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”. Para la aplicación de dicho sistema político, en caso de España, hay muchos cauces de actuación recogidos en la Ley (pongamos la ele de Ley con mayúsculas para dotarla del valor que se merece y su generalización a los distintos niveles que la configuran). Uno de dichos cauces son las elecciones que se celebran para las distintas instituciones. En dichas elecciones el pueblo otorga poderes a determinados políticos para gobernar durante un mandato de cuatro años. En otras palabras, se presta la soberanía a ciertas personas. Pero ojo, dicho préstamo no supone una cesión total de soberanía popular. Todo aspirante a gobernar se presenta con un programa que los ciudadanos aprueban o censuran en función de su voto, y cuando un gobernante elegido no cumple con dicho programa y/o algunas medidas suponen un agravio para otros ciudadanos, dichos ciudadanos tienen el derecho a no sentirse conformes. En estas situaciones un gobierno puede seguir haciendo lo que considere oportuno, ignorando la opinión popular, muy típico de España, amparándose en los votos recibidos en las últimas elecciones, pero también tiene a su disposición otras dos opciones que nuestro actual sistema democrático recoge como son la de dimitir y presentar nuevas elecciones o convocar un referéndum popular.

Les pondré un ejemplo. El actual gobierno del Partido Popular ha incumplido muchas de las promesas de su programa electoral, el mismo que un importante porcentaje de ciudadanos apoyaron en las pasadas elecciones generales. Cuando este gobierno decide obviar sus promesas y aplicar medidas radicalmente opuestas, ejemplos hay miles, podría haber dicho: “señores, no puedo cumplir mis promesas, presento elecciones y este es mi nuevo programa” (esto también es aplicable para la última legislatura de Zapatero). Pero no lo hizo. Otra opción hubiese sido presentar un referéndum preguntando al pueblo si está de acuerdo en tomar estas medidas opuestas al programa por el cual les votaron. Pero tampoco lo hicieron. Recordemos que ambas opciones están recogidas en la Ley, o sea, que no van en contra del sistema, sino que por el contrario forman parte del mismo, otra cosa es que vayan en contra de sus intereses personales, pero esto es harina de otro costal.

Lo que hace este gobierno y otros pasados, es tomarse el voto de los ciudadanos, tanto de los que le votaron como no, como un cheque en blanco porque para ellos el Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado dura un segundo, lo que tarda cada persona en introducir su voto en una urna y eso es erróneo, de esta manera nos hurtan parte de la democracia, dañan el sistema. Así que, ignorando la convocatoria de posibles nuevas elecciones y evitando todo referéndum, a los ciudadanos se nos resta capacidad para decidir sobre nuestro futuro, tratándonos de manera paternalista, como si no tuviésemos la capacidad intelectual suficiente para decidir sobre el mismo. Este tipo de actuaciones puede desembocar en ocasiones en reacciones como propuestas populares, las manifestaciones o lo que estoy haciendo yo ahora mismo, el libre pensamiento, todas estas legales y legítimas dentro de este sistema, pero en otras ocasiones, estas actuaciones pueden desembocar en reacciones menos deseadas.

Y es que, aunque muchos políticos de este país se empeñen en que el voto es el único método de participación democrática, no es cierto, la legislación española recoge otros cauces, tan legítimos y válidos como el primero a la vez que complementarios, que deben ser atendidos, pues solo así se favorece la verdadera intervención del pueblo en el gobierno, y por lo tanto se da la verdadera democracia; ignorarlos, limitarlos o menospreciarlos es cuanto menos que devaluar la democracia, pasando de un gobierno en el que el pueblo participa activamente del mismo, a otro gobierno donde unas élite copan el poder a la vez que no favorecen la participación del pueblo en el gobierno, yendo entonces, en contra del sistema democrático.

Entiendo perfectamente que es muy difícil adquirir una mentalidad de tal calado cuando esta misma élite que nos gobierna, en muchos casos ha llegado a las cúspides de sus respectivos partidos con formas poco democráticas, cosa a la cual el actual sistema obliga, pero esto no les libera del ejercicio intelectual que supone entender y respetar el sistema que entre todos nos dimos en 1978, a la vez que desarrollarlo en su plenitud y mejorarlo. Porque salir al paso no es solo la opción de los cobardes e interesados, y coartarlo de algo mucho peor.

Un sistema, sea del tipo que sea, se define por los elementos que los componen así como las interacciones que se producen entre estos, por lo que ir en contra del sistema supone ir contra dichos elementos y sus mecanismos de interacción. Y nada más lejos de mi intención ir en contra de los elementos, los ciudadanos, ni de los mecanismos, la democracia, sino todo lo contrario, defenderlo través de todos sus cauces legales. Así que por favor, no me digan que soy un antisistema, cuando lo único que hago es intentar que otros lo sean, porque el verdadero antisistema es el que va en contra de la democracia.

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