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jueves, 30 de noviembre de 2017

León es una ciudad sucia


En ocasiones pienso que habría que cambiar la bandera de León, quitar el león rampante ungulado y sustituirlo por un cerdo, o gocho, como se dice por estos lares. Lo cual no respondería a la calidad de los diversos productos de origen porcino que se fabrican en la misma y en toda la región, si no al estado tan sucio en la que se encuentra dicha ciudad, porque ya va siendo hora que alguien lo diga: León es una ciudad sucia.

Puede que a algunos les choque esta afirmación, pero a los hechos me remito. Soy de los que se desplaza por la ciudad más andando que en cualquier otro medio de transporte y me sorprende a la vez que me duele cómo está León y la actitud tan despreocupada con la que sus habitantes actúan. Paso delante de un supermercado de El Ejido y veo como al salir un joven de él, lo primero que hace es tirar el tique al suelo. Atravieso la Plaza de la Regla y observo cómo varias personas arrojan botellas al suelo de manera despreocupada. Recorro la Calle de las Cercas y me encuentro basura bolsas y comida junto a las murallas. Paseo por el Polígono X y una mujer camina despreocupada junto a su perro, después de que este haya dejado sus excrementos en el suelo y ella no los haya recogido. Y así un largo etcétera de actos de incivismo de los cuales soy testigo cada día, en esta nuestra ciudad, cuna del parlamentarismo.

A veces uno está tentado de decir algo a estos cerdos, porque no cabe otro calificativo, pero consciente de las consecuencias, la mayoría de las veces me callo, puesto que intuyo las respuestas estúpidas o las reacciones exaltadas de quien carece de argumentario para justificar estas actuaciones. De todas las respuestas, la que más me gusta y la más estúpida de todas, es la de: “Hay que dar trabajo a los barrenderos”. Ante la cual se me aturullan respuestas en la cabeza, desde la irónica: “te pensarás que la concesionaria de limpieza va a contratar a más personas y perder beneficios” o "¿con la ley de reposición actual? ¿en serio?; hasta la brutal: “¿por qué no te partes los dientes para dar trabajo a los dentistas?”; pasando por la razonada: “¿no será mejor gastar dinero en sanidad y educación?” Todas inútiles ante la falta de sensibilidad y seso de estos marranos.

Puede que alguno, al leer esta entrada, se pudiera sentir ofendido por las opiniones que en ella vierto y me dirá: “no todos los ciudadanos de León somos así”. Y no les falta razón ninguna, no todos los ciudadanos de León son así, y seguramente podríamos hablar de un déficit del servicio de limpieza del Ayuntamiento, bien sea por mala planificación o falta de medios humanos y/o materiales; tampoco estaría de más mencionar la dejadez de la policía municipal a la hora de llamar la atención o sancionar estas actuaciones; incluso podríamos hacer referencia a campañas de concienciación para el mantenimiento y el cuidado. Pero qué quieren que les diga, nada de esto haría falta mencionarlo si cada ciudadano cumpliera con su deber de respetar lo que es de todos, la ciudad, porque en ella convivimos todos, nos guste más o nos guste menos.

Por mi parte, no quiero desaprovechar la ocasión de traer a colación un tema que yo considero de vital importancia. Hace tiempo que sostengo que el ecologismo debería ser una ideología transversal a todas las demás. Y estos hechos no hacen más que reafirmarme en la idea de que vivimos en una ausencia total de conciencia sobre lo que está pasando en el planeta. Tirar desperdicios a la calle no supone sólo ensuciar la ciudad, no al menos cuando la mayoría de estos desperdicios son material reciclable y que al no ser depositados en los lugares adecuados para su reciclaje, no hacemos otra cosa que contribuir en el deterioro de La Tierra. Volviendo a lo que decía antes, en la ciudad vivimos todos juntos, nos guste más o menos, pero en el peor de los casos, si una ciudad no nos gusta, podemos hacer nuestras maletas e irnos a otra, pero este planeta es de todos y hasta la fecha no podemos ir a otro.

Ahora mismo, algunos estarán pensando que yerro en mi percepción de León, que esta milenaria urbe siempre ha sido muy limpia; pero me temo que esta visión, como tantas otras, sólo son un reflejo de un pasado mejor que ya ha desaparecido. León ha pasado a ser parte de una historia que sólo ocupa titulares, carente de contenido social y reconocimiento ciudadano. Y puede que hasta bien visto, de cara a ser Capital de la Gastronomía 2018 esta nueva bandera no sea tan mal idea, promocionaremos los productos porcinos, propios de esta tierra a la vez que seremos la primera ciudad en reconocer esos nobles animales y las personas formamos parte de la misma piara.

Pd.: En esta entrada hablo de León, España, no de León, México, ciudad de la que no me atrevería a hablar porque nunca he estado.

Pd. 2: Con el fin de demostrar la afirmación de que León es una ciudad sucia, en el siguiente enlace iré subiendo fotos donde se podrá comprobar. 

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