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martes, 23 de enero de 2018

Régimen del 78

Hoy en día, algunos políticos y líderes de distintos movimientos mencionan al Régimen del 78 como el origen de los males que acucian a la realidad política de España. Dicho apelativo hace referencia al proceso de transición de la dictadura franquista a la consolidación de la democracia actual y que, por el camino dio como resultado la aprobación y ratificación de la Constitución Española de 1978, garante de nuestros derechos y libertades, la cual se ha convertido en una especie de comodín para todos aquellos que consideran que dicha transición no fue tal y que dio como resultado una democracia que no buscaba otra cosa sino perpetuar los poderes ya establecidos durante la dictadura, sin olvidar a los otros, los que llevan muchos años citando la constitución como si fuera el comodín de la llamada para que nada cambie en este país.

Sinceramente, tales afirmaciones me producen, cuando menos cierta controversia. Es cierto que la transición distó mucho de ser perfecta y por consiguiente la democracia española que de ella surgió, también. Sin embargo, me niego a cargar las culpas a unas personas que en medio de un clima de tensión en el que se desarrolló dicho proceso, recordemos que algunos perdieron la vida en ese periodo, quisieron darnos unas libertades de las que antes no gozábamos, es más, considero que hicieron un trabajo bastante aceptable.

Para mí el problema no radicó ahí, para mí, la democracia española se enquistó a partir de ahí y por lo tanto, el problema surgió después de la ratificación de la constitución. Tras haberse consolidado la democracia en España, el país requería una serie de reformas institucionales que por distintos motivos no fueron llevadas a cabo, lo cual da pie a la afirmación de continuidad de algunas formas y poderes en el tránsito de la dictadura a la democracia. De esto son directa e indirectamente responsables los dos partidos que se fueron alternando en el poder y sus contrarios en la oposición que vieron en la reforma constitución una forma de hacer campaña electoral permanente, de la manera más ruin e interesada.

Llegados aquí, cabe recordar, sobre todo para los sectores más conservadores de nuestra política, que la constitución no es un texto sacro ni inmutable, es modificable, lo cual se concreta en su propio contenido, por lo tanto, negar la posibilidad de modificarla en pro de una mejora del país no es sino un acto de necedad, cobardía o interés; y es más que evidente que debe ser revisada y modificada, aunque sólo sea para corregir algunos aspectos como la discriminación de la mujer respecto al hombre a la hora de acceder a la corona o ajustarla a los tiempos que corren en relación a las actuales tecnologías, pensemos que la Constitución Española ya tiene 40 años desde su aprobación y como mínimo está obsoleta en estos aspectos. Aunque quedarnos aquí no sería sino una torpeza, pues lo que realmente hace falta es un ajuste general ante la cantidad de conflictos que han ido apareciendo a lo largo de su existencia como la dudosa separación de poderes, la inutilidad del senado o el estado de la autonomías; y esto no quiere decir que debamos romperla y hacer otra nueva, sino ajustarla a las necesidades de la sociedad actual, intentando consolidar las libertades individuales, la democracia colectiva y la convivencia pacífica.

Pero a la vez que podemos modificarla, también debemos tener presente que la constitución no es el final de la legislación, sino el comienzo, y por lo tanto, si no hay un entramado legal que desarrolle la constitución no sirve de nada. En este sentido, aspectos como el derecho al trabajo o a una vivienda digna, no se encuentran legislativamente desarrollados, por lo que los artículos que los contienen, quedan muy bonitos en el texto constitutivo, pero al no tener desarrollo legal, carecen de utilidad práctica en la vida de los ciudadanos. Algo parecido pasa con el artículo en que se indica que la riqueza del país tiene que estar subordinada al interés general, algo que es más que razonable para el sostenimiento de un país, pero que parece no materializarse, pues la riqueza de este país más bien parece subordinad al interés privado, no hay más que ver lo que ha pasado con los rescates a la banca o a las autopistas, o los innumerables casos de corrupción, donde se demuestra a quién sirve la riqueza del país.

Retomando la expresión del Régimen del 78, no puedo más que pensar que todos aquellos que la usan me parece que están haciendo un brindis al sol, un eslogan, por no decir un acto de hipocresía. Nuestra democracia no nació perfecta y dista mucho de serla, y también comprendo y apoyo la necesidad de estudiar nuestra historia con la crítica necesaria como un punto de partida para mejorar la democracia y resarcir los errores del pasado, pero esto no sirve de nada si no podemos mirar al futuro, que es hacia donde nos dirigimos. Pero ojo, también pienso lo mismo de aquellos que no ven la necesidad de revisar el texto constitucional y desarrollarlo, así como de alabar ciegamente su elaboración en un momento donde las libertades estaban en entredicho, ocultando las miserias de una historia colectiva y de muchas historias personales. Conozcamos la Historia, como un medio de conocimiento, reconocimiento, reparación, y como un punto de partida desde el que construir un presente y futuro mejor.

Aunque todo esto no tiene utilidad si no tenemos claro que la constitución tiene como fin último el de servir a los ciudadanos, y esto se consigue, no sólo con una reforma constitucional, sino con un impulso de los valores democráticos, el desarrollo de un pensamiento crítico y favorecimiento de la participación ciudadana en la vida política, o como decía Thomas Jefferson: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”, vigilar nuestra democracia. 

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